viernes, 20 de enero de 2012

Chimeneas de gas

Las chimeneas de gas son perfectas para todo tipo de viviendas: casas de campo, espaciosos lofts o pequeños apartamentos urbanos. Sus ventajas más destacables con respecto a las chimeneas tradicionales son su gran seguridad, su sencillo mantenimiento y su eficiencia.



Se acabaron los tópicos de que las chimeneas tradicionales (de leña) están pensadas para los ambientes rústicos y que las más modernas de gas (propano/butano o gas natural) son perfectas para las viviendas urbanas. También hay que eliminar los prejuicios ligados a las obras, puesto que en la mayoría de las instalaciones de chimeneas de gas, la intervención es mucho más sencilla que cuando se trata de una de leña. Disipadas ambas afirmaciones, la relacionada con el estilo de la vivienda y la vinculada a las obras, estamos en el buen camino para saber más acerca de las chimeneas de gas y para descubrir todas sus ventajas con respecto a otras propuestas.

Entremos de lleno en el capítulo de las características favorables: son más seguras que las chimeneas tradicionales, pues desaparece el riesgo de que puedan quemarse los objetos y enseres próximos, tales como alfombras, pavimentos, textiles...; permiten la abertura de las rejillas del hogar para generar más calor; se elimina la fase de compra, carga y almacenado de la leña; no exigen atención permanente, ya que no es necesario alimentar el fuego, y tampoco requieren una profunda limpieza después de cada uso; no emiten humo, olores o cenizas al interior de la vivienda, por lo que no ensucian el techo o las paredes de la estancia; no emiten dióxido de carbono; y finalmente contribuyen a un ahorro económico en calefacción, pues los sistemas que funcionan con gas son de los más eficientes del mercado.

¿Cómo funcionan?

Las chimeneas de gas disponen de una cámara de combustión donde se produce el fuego y el calor. Este sistema, que cuenta con un quemador a gas y una serie de controles para el encendido y la regulación de la llama, propicia la irradiación del calor hacia el interior del habitáculo y el envío del humo al exterior de la vivienda, a través del tubo de salida de humos.

Generalmente, para poner la chimenea en funcionamiento hay que encender primero un dispositivo y posteriormente el interruptor que activa el quemador; después se controlará la intensidad de la llama con un botón regulador de la misma. Para ambas funciones, existen modelos que incluyen mandos a distancia, de forma que no será necesario levantarse del sofá para disfrutar de un fuego instantáneo, regular y constante.

En cualquier caso, el sistema de funcionamiento es común, pero existen dos tipos de chimeneas de gas: las de ventilación directa o estancas y las de ventilación natural. Las primeras toman el aire del exterior de la vivienda, y tras ser quemado en la cámara de combustión, lo expulsan nuevamente al exterior, de manera que el aire empleado en el proceso nunca entra en contacto con el aire del interior de la vivienda. Las chimeneas de ventilación natural toman el aire del interior de la vivienda, lo queman y lo expulsan al exterior a través del tubo de salida de humos.

La predilección de los especialistas y entendidos por las chimeneas estancas sobre las de ventilación natural es clara, ya que siempre supone un beneficio para el usuario que el aire de su vivienda se mantenga inalterado. Por ello, en nuevas construcciones siempre se recomienda la instalación de chimeneas estancas; únicamente se aconsejan las chimeneas de ventilación natural cuando se trata del cambio de una chimenea tradicional a una de gas, ya que así se puede aprovechar la instalación anterior, con el ahorro de costes que esto supone.

Vía: Repsol