sábado, 11 de febrero de 2012

El carrito de cocina, un auxiliar valioso


Proporciona una superficie de apoyo, baldas y cajones para el traslado y el almacenamiento de platos o utensilios.

Un carrito de cocina puede convertirse en un mueble muy práctico tanto para la preparación de los alimentos como para el momento de la comida o la cena. Hay una gran variedad de modelos distintos, con características que se adaptan a cada necesidad. El requisito más importante: tener en casa espacio suficiente.



Ayuda como transporte y superficie de apoyo

Un carrito con ruedas puede representar una herramienta de mucha utilidad en la cocina, ya sea mientras se preparan los alimentos como después, en el momento de servirlos. Al cocinar, el carrito constituye una superficie de apoyo extra, que se puede colocar en la ubicación más conveniente. En el momento de comer, sirve de manera especial cuando la mesa no es demasiado grande y el menú requiere tener cerca fuentes o bandejas.

Los muebles de este tipo que se comercializan con mayor frecuencia en el mercado están equipados con un sistema modular que no solo permite el uso de su parte superior, sino también de baldas intermedias. Algunas baldas están preparadas para colocar frutas, botellas u otros productos específicos. De esta manera, la capacidad y las posibilidades que brinda el carrito se multiplican.

Baldas, soportes y cajones en la cocina

Además de diferentes baldas, hay modelos equipados con soportes y ganchos en los que se pueden colgar distintos recipientes o trapos de cocina. También hay carritos cuya parte superior se puede retirar y usar como bandeja, lo cual añade otro valor extra. Además, en lugar de baldas, pueden incluir cajones y, de ese modo, suman una utilidad más: guardar elementos que se prefiera que no estén a la vista. Esto vale tanto para los carritos que se emplean como herramienta auxiliar, como para los momentos en que no se usa y es una pieza más del mobiliario de la cocina.

En relación con este último aspecto, no se puede descuidar la cuestión visual: el carrito no debe desentonar con la decoración general de la estancia. En el mejor de los casos, se debe adquirir en el mismo momento que el resto del mobiliario, bien comprarlo en la misma tienda o contratar al mismo diseñador para asegurarse de que la línea coincidirá. Si eso no es posible, al menos hay que tener en cuenta elementos fundamentales: no colocar un carrito moderno en una cocina de estilo rústico.

Los carritos pueden tener dos o cuatro ruedas. Con dos son más ligeros y, en general, más pequeños y construidos en metal. El hecho de que para moverlos haya que levantarlos por el lado donde carecen de ruedas proporciona firmeza. Los carritos de cuatro ruedas son, a menudo, más pesados y de madera. Para garantizar su inmovilidad, muchos modelos incluyen un sistema de bloqueo de las ruedas. Respecto a los precios, la variedad también es amplia: los más ligeros y económicos cuestan unos 25 euros, mientras que un carrito de madera de roble macizo y chapado de roble alcanza unos 1.000 euros.

Fundamental, tener espacio suficiente en la cocina

Una cuestión importante que se debe tener en cuenta en el momento de elegir el carrito, e incluso de decidir si conviene o no proveerse de uno, es el espacio disponible en la cocina, pero también en el comedor y en las demás estancias donde se utilizará. Si la cocina es muy pequeña y cabe la posibilidad de que el carrito se convierta en un trasto que incomode más que ayudar, o bien por el contrario, si el lugar es bastante amplio y no hace falta ni otra superficie de apoyo ni un vehículo para transportar bandejas o recipientes, quizá la mejor opción sea no tener ningún carrito. Otro asunto que se debe considerar son los posibles desniveles o escaleras: pueden convertirse en un factor que desaliente la incorporación del carrito al mobiliario del hogar.

Vía: Eroski Consumer

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