martes, 11 de junio de 2013

Sistemas de riego

Contar con un jardín, con su zona de césped, sus plantas y jardineras e incluso sus árboles y arbustos en muchos casos, requiere sin duda un mantenimiento importante. Instalar un sistema de riego adecuado es siempre una excelente inversión: nos ahorrará preocupaciones y trabajo, y además, ayudará a no gastar agua en exceso, lo que supone un plus para el medio ambiente. Los sistemas de riegos se instalan antes de colocar el césped, plantas las distintas especies y en general, de realizar cualquier trabajo de paisajismo. Hay sistemas aptos para que los instalen los propios usuarios, de tipo más sencillo, pero en la mayoría de los casos suele ser mejor contratar los servicios de una empresa especializada (muchas veces los instalan los propios fabricantes y distribuidores), que harán el trabajo de forma rápida, limpia y garantizando su perfecto funcionamiento.

Si ya hemos decidido que vamos a equipar nuestro jardín con un sistema de estas características, tendremos que tener en cuenta una serie de cosas. Por ejemplo, siempre hay que considerar el clima del lugar en el que vivimos y las plantas que vamos a escoger. las especies autóctonas son siempre más resistentes y requieren menso agua. Otros aspectos importantes son el tiempo que podamos y queramos dedicar a nuestro jardín (hay personas que disfrutan regándolo al atardecer), y desde luego, nuestro presupuesto. En general, una buena recomendación es escoger siempre plantas y diseños que necesiten poco agua. Una excelente idea es colocar sistemas de recogida de agua de lluvia, que suelen consistir en depósitos con su propio filtro de impurezas a los que se les puede acoplar una manguera. Los hay plegables de lona, en madera (muy decorativos), de plástico...
LOS DIFERENTES TIPOS Y SUS CARACTERÍSTICAS
Los sistemas más habituales son los que llevan aspersores o difusores. La diferencia entre ambos conceptos es que los aspersores tienen un radio de dispersión del agua de 6 metros en adelante, mientras que los difusores solo alcanzan un radio de entre 2 y 5 metros. Este aspecto es importante a la hora de calcular el número de puntos de riego que necesitaremos. Dentro de cada sistema, encontramos aspersores emergentes (salen cuando se activan y se "guardan" cuando se apagan) y móviles (los clásicos que se ponen en la boca de la manguera y se pinchan en el suelo. Los difusores son emergentes en todos los casos. A modo general, podemos decir que la presión del agua de una vivienda con jardín es suficiente como para alimentar un número de entre 2 y 4 aspersores, y de entre 8 y 10 difusores.
Otro sistema muy utilizado es el llamado riego subterráneo. Se trata de colocar una serie de tuberías enterradas, a una profundidad de entre 5 y 50 cm. Este riego ahorra una cantidad considerable de agua y evita la proliferación de malas hierbas. Al ser invisible es muy estético, y además nos permite reciclar las aguas residuales sin que nos molesten los olores. Quizás la mayor desventaja de este sistema es que, a veces, los poros de las tuberías se taponan con la cal del agua; además, las raíces de los arbustos y árboles también pueden dar problemas. Un buen estudio de paisajismo será la mejor prevención.
Una de las opciones más interesantes, sobre todo en lugares donde escasea el agua, es el riego por goteo. El líquido llega hasta la misma base de las plantas y sale de unos dispositivos llamados emisores que van en una tubería o se pinchan directamente en ella (éstos reciben el nombre de emisores de botón). Es un buen sistema para jardineras y jardines extensos. Es ecológico y no encharca el terreno, pero los emisores pueden atascarse con la cal y las impurezas; esto se puede prevenir con un sistema de filtrado del agua.
Además de los tres “clásicos” mencionados, hay otros sistemas que también dan buenos resultados. Es el caso de las mangueras exhudantes, de superficie porosa y para terrenos secos y arenosos; los microaspersores, perfectos para pequeñas extensiones de césped y para árboles frutales o arriates de flores; y por supuesto, el riego con manguera, que aunque puede resultar agradable y relajante tiene la desventaja de provocar charcos. Además, consume mucha agua.
Para terrenos grandes o viviendas en las que no se reside habitualmente (de fin de semana, segundas residencias…) existen los sistemas de riego automático. Es posible programarlos, y algunos disponen de sensores de humedad que activan el riego cuando la tierra necesita agua. Para escoger un buen sistema automático buscaremos uno que tenga regulador para el caudal y la presión, así como un temporizador para programar el tiempo que debe durar el regado. Si el jardín presenta desniveles lo mejor es que cada aspersor, difusor o gotero dispongan de su propio temporizador y regulador.
¿CUÁNTO CUESTAN LOS SISTEMAS?
Si lo que necesitamos es un sistema de riego automático por aspersores o difusores, sólo en materiales nos costará alrededor de 5 euros por m2. La mano de obra sale por unos 15 euros la hora, en adelante. Este precio rige para sistemas de tipo estándar con temporizador general para toda la instalación.
Los hits de riego por goteo con programador incluido cuestan entre 65 y 70 euros, para cubrir un terreno de unos 25 m2. En cuanto a las tuberías enterradas y las mangueras exhudantes, en los centros de jardinería las encontraremos desde unos 15 euros el metro. Y para los más clásicos, decir que una manguera de buena calidad (20 m), con un diámetro adecuado, dispersor, cierre del agua, sistema conector para el grifo y tambor para enrollarla y desplazarla, puede costar alrededor de unos 65 euros.