domingo, 13 de noviembre de 2016

Aparadores

Nos hemos propuesto detallar al máximo posible las opciones que existen de cada pieza de mobiliario que podemos encontrar en una vivienda y no pararemos hasta mostrarles todas. Por ahora hemos visto las mesas de comedor, los secreter, los muebles de televisión y las mesillas de noche y hoy es el turno de los aparadores. Un gran mueble que nos permite decorar un rincón del salón para darle mayor empaque al mismo tiempo que nos brinda un espacio de almacenaje.
En ocasiones anteriores vimos cómo era un gran aliado para ubicarlo tras el sofá cuando éste se encuentra en mitad de la estancia. Hoy veremos sus distintas versiones y acabados independientemente de su situación. Así que, si aún no ha terminado de amueblar su casa o quizá esté pensando en cambiar de aires, tome nota de los siguientes aspectos que le ayudarán a la hora de seleccionar el aparador que mejor encaje en su decoración:

Con o sin patas
Uno de los primeros factores que tenemos que tener en cuenta es si queremos que nuestro aparador apoye directamente sobre el suelo, lo que implica mayor capacidad de almacenaje, o si preferimos que tenga unas patas que lo haga más estilizado y sea por lo tanto un volumen más ligero. La altura de las patas determinará la del armazón que nos permite guardar objetos, ya que la altura máxima de un aparador estándar oscila entre los 75 y 85cm; por lo tanto, cuanto más protagonismo se le dé a las patas, menos espacio de almacenaje tendremos, así que, si su vivienda es pequeña y anda escaso de armarios, le recomendamos la primera opción.

Suspendidos

Cuando buscamos ligereza y sensación de ingravidez la solución la encontramos en los muebles suspendidos; éstos dan la impresión de estar flotando y los hacen más etéreos. Que no le de miedo meterle peso a su aparador, sólo tiene que seguir las especificaciones técnicas donde viene reflejado el peso máximo que admite el mueble y haberse asegurado que ha quedado bien anclado a la pared. Piense que los muebles de cocina siempre están suspendidos y están ahí eternamente.

Con un apoyo

Si no acaba de tener claro eso de suspender el mueble o le gustaría un término medio entre la estética de los aparadores con patas y los anclados a la pared, entonces hay una solución a medio camino. Se trata de aquellos que únicamente tienen dos soportes en la parte frontal. Éstos lucen especialmente cuando pueden verse también de canto, así que lo recomendable es que la pared lateral esté a cierta distancia del mueble.

Cuadrados

Este formato nos permite tener mayor capacidad de almacenaje y un toque distinto en cuanto a aspecto estético. Su diseño pide a gritos ponerlos a pares y se pueden poner tras la mesa de comedor o en cualquier otra pared, aunque también hay que decir que en solitario también lucen muy bien. Su altura está en torno a los 100cm, llegando incluso a superar el metro según el diseño de éste. Aceptan muy bien poner otros objetos sobre ellos como jarrones o plantas, así que no se corte con los complementos porque vea muy alto el aparador.

Bajos

Perfecto para los minimalistas, su altura baja y su anchura los hacen muy agradables a la vista, aunque quizá no tan cómodos para acceder a ellos a diario. Recomendamos guardar la vajilla en otro mueble y dejar este para objetos de uso menos frecuente. Su aspecto se asemeja a una bancada de televisión, por lo que sus patas, que lo elevan del suelo, le dan un toque de distinción y lo diferencian sutilmente.

Según el estilo

Por último, otra forma de elegir un aparador es según el estilo decorativo que más encaje con nuestra forma de vida. Al igual que ocurre con el resto de muebles, podemos optar por un clásico renovado con formas cóncavas y convexas, patas cabriolé y acabados brillo. Por el contrario, si queremos algo más moderno, podemos decantarnos por líneas rectas y acabados en laca mate para un ambiente minimalista, colores vivos con detalles singulares para estilos contemporáneos o pop, maderas con solera para ambientes retro o bien una mezcla de colores y formas para los amantes del Kitsch.

Vía: Decofilia