viernes, 7 de abril de 2017

Una casa con mucho encanto en Brooklyn

Encontrar una vivienda de 1900 en ese estado y con esos techos altos y esa luz natural que entra por las enormes ventanas, no es tarea fácil en Nueva York. Irene y Jeff supieron ver las posibilidades del espacio. Para ello dispusieron las zonas de estar en ambos extremos, es decir, con luz directa. El salón dando al patio y calle de entrada, y la enorme cocina asomándose al patio-jardín trasero. Los espacios con luz indirecta, a través de huecos, fueron el estudio y el dormitorio, que quedaron en espacios de paso. Si le dicen así en frío que para ir a la cocina tiene que pasar por la habitación, la primera reacción es decir "no way", pero les aseguro que la idea ha resultado fantástica.
Pintura nueva y aprovechar lo existente
La vivienda estaba en buen estado así que solo fue necesaria una mano de pintura blanca, para potenciar la luminosidad y sacar partido a las preexistencias. La altura permitió poner elementos sin recargar el espacio, como las estanterías para los libros o plantas colgadas de las molduras. Estas molduras, la pared de ladrillo visto y el suelo de madera natural son parte de los encantos de la vivienda y que la hacen tan especial.
Un sofá vintage y una mesa icónica destacan en el luminoso salón
El sofá es danés de mediados del siglo XX y lo encontraron en una tienda de antigüedades online. Lo pusieron en esquina y, como sobraba un pequeño trozo, lo emplazaron en el estudio. Es sin duda la pieza estrella del salón. Las fotografiáis son de la propia Irene y las cortinas, hechas a mano por su madre. La lámpara de madera y la icónica mesa de centro "CTW" de Charles y Ray Eames completan el conjunto.
Rincones con encanto
Jeffrey trabajaba antes en una tienda de muebles vintage en Manhattan donde vendían joyas recuperadas como esta silla de los años 50. Completa su rincón favorito un antiguo tocadiscos, su colección de vinilos y algunos de sus libros. Y, por supuesto, las plantas, que no faltan en su hogar .
Una ventana que permite dar luz al estudio

Me encantó el estudio de Irene y Jeff, que usan para editar sus fotos, trabajar en sus proyectos o coser. Un sitio con mucho encanto donde conviven el trozo de sofá danés que completaba el del salón, una silla de la segunda guerra mundial y unos escritorios nuevos de madera clara. Y, por supuesto destaca la ventana existente que comunica la estancia con el salón y permite que entre toda la luz del exterior.
Todo en orden
Para que ambos puedan trabajar, el orden es importante. Así que con estanterías y cajas se ha logrado conseguir una especie de "caos ordenado". La puerta comunica el estudio con el dormitorio.
Una cocina - comedor llena de luz
Como hemos dicho, la cocina se encuentra en el otro extremo de la entrada, dando al patio-jardín. Es por tanto luminosa y cuenta con dos amplias ventanas. Tiene un segundo comedor dadas sus amplias dimensiones y al destacar en ella una mesa con sillas altas. Fue recuperada y restaurada por una amiga de la pareja.
Reutilizar como filosofía
Irene y Jeffey ya habían compartido antes un estupendo piso en Manhathan, pero de muy reducidas dimensiones. Cuando decidieron mudarse no olvidaron parte de los muebles que habían sido importantes en su primera vivienda juntos. Esta alacena china vintage fue una de las joyas que trajeron a Brooklyn y que pintada de blanco queda perfecta en cualquier espacio. Ahora, les sirve para guardar la vajilla.
Una cocina singular
En la cocina se han utilizado elementos que no suelen ser convencionales para este tipo de estancias, como la cómoda que, pintada de blanco, sirve de mueble. Sin duda una apuesta arriesgada que ha resultado todo un acierto. La restauraron y pintaron ellos mismos.
Un dormitorio en zona de paso
Como les conté al hablar de la distribución general, sorprende de entrada que el dormitorio se haya planteado como zona de paso entre el estudio y la cocina. Recibe la luz de ambos sitios pero no de modo directo. Y realmente al ser la "zona de noche" tiene sentido que sea la que menos luz necesite. Aun así, es luminoso y espacioso. Las alfombras y la colcha son de la marca Joinery y las estantería están hechas a mano por Irene y Jeff.
Los detalles que marcan la diferencia
Los espejos geométricos son de la firma Bower de la que es socio Jeffrey, al igual que las banquetas que hacen las veces de mesilla de noche. Detalles que marcan la diferencia y juegan con la mezcla de estilos. 

Para más información visiten: Irene BlázquezJeffrey RenzBower
Vía: habitissimo